Veintiséis años le bastaron a Charles para creer que el tiempo corre en una sola dirección. Vivía una rutina mecánica por la Plaza de Maipú hasta descubrir que el tiempo, en realidad, guarda cicatrices como una piedra. El 5 de abril de 1818 y el 5 de abril de 2026 no están separados por dos siglos, sino que son orillas del mismo instante.
Esta es la historia de esa grieta invisible: el punto exacto donde un joven moderno y un ejército libertador de sables y pólvora comparten la misma tierra. La plaza se revela como un campo de batalla y un paradero de micros a la vez, un espacio donde se luchó por la libertad y donde la gente común vuelve a casa.
También es una historia de amor imperecedera, grabada en la piedra de un monumento para resistir terremotos y dos siglos de indiferencia. Un amor real que no necesita compartir una época, sino un lugar.
Sin explicaciones de física cuántica ni manuales de viaje, el relato muestra a un joven que tropieza con el aire y cae doscientos ocho años al pasado, encontrando a una mujer que sobrevive entre sables. La guerra de independencia se presenta simplemente como la lucha por sobrevivir un día más. Bajo el asfalto y el neón de Santiago siguen los llanos desérticos del ejército; solo basta un paso en falso a la hora exacta para que la ciudad revele todas sus épocas.